Sentados uno junto al otro en el asiento trasero del taxi. Van quedando atrás las calles, la gente, las tiendas, los perros vagabundos, nosotros y nuestra imagen débilmente reflejada en el vidrio en el que aún se dibujan las gotas de lluvia recién caída. Veo tu rostro que mira hacia afuera y tu mano tristemente apoyada sobre mi rodilla. Una gota en el cristal parece resbalar mejilla abajo en tu rostro duplicado. No hablamos y tu mano permanece inmóvil, casi inanimada.
La calle sigue pasando tan gris como hace un año, hace un año que miras por la ventana, un año que mi pierna recibe tus dedos y no hablamos, sólo damos vueltas en algún taxi mientras miras la calle, la calle, la calle...
No comments:
Post a Comment